CREANDO IMÁGENES: ARTES VISUALES
ELENA LÓPEZ DE SORIA VEGA
GALERÍA DE ARTE CONTEMPORÁNEO
Datos Biográficos Nacida en El Cuervo (Sevilla) en 1.969. Realiza 1º, 2º y 3º en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla. Recibe clases del pintor Luís Grajales en Jerez de la Frontera. Cursos de Photoshop. En el 2.004 comienza a trabajar de forma autodidacta con pinturas, esculturas y fotografía. Sus creaciones artísticas tocan la fotografía, los murales en técnica mixta, la pintura al óleo, la escultura con luz y sonido, el vídeo performance, etc. “Una de las cosas que más admiro es la forma espontánea y natural con que los niños dibujan, juegan y viven su presente. Si tuviera que tener algún maestro, me quedaría con los niños como fuente de inspiración. No hay juicios, etiquetas y si una gran inmediatez y simpleza. ¿Qué más se puede pedir?” El día tiene 24 horas, y mis prioridades me impiden ser una persona actualizada en cuanto a estilos artísticos, exposiciones, movimientos, artistas, etc. Pero si he de hablar de de un creador que me emocionó, fue Vill Biola. Lo vi en Bilbao y luego en Madrid, y me gustó lo que hacía. Sus montajes de video me parecen meditaciones visuales llenas de espiritualidad. Son conexiones con otra dimensión”. “No me gusta explicar lo que hago, me parece más interesante la aportación que el espectador hace sobre los trabajos. Cada persona tiene su propia interpretación y su propia forma de reflejarse sobre lo que está viendo”. “Me gusta la fotografía clásica, que captura en una fracción de segundo una imagen tal cual es, y al mismo tiempo, grandiosa. Sin embargo, también considero una herramienta de trabajo el ordenador y la posibilidad de crear una imagen con retoques fotográficos. Para mi son válidos todos los caminos. Si hay algo por lo que no me gusta tanto el ordenador es porque me resulta una materia carente de vida y muy absorbente de mi energía”. Mi formación artística nunca fue continua, por el contrario, está llena de grandes lagunas. Siempre he admirado a la gente que se ha dedicado a pintar o esculpir, o hacer cualquier otra desde siempre, porque eso les da un conocimiento profundo de lo que hacen. En cualquier caso, tienes que adaptarte a tu realidad, y mi forma de hacerlo ha sido utilizando la improvisación y la continua búsqueda de posibilidades para sacar adelante el proyecto que tenía entre manos”. “Me gusta mucho el formato grande, por lo que me siento muy cómoda haciendo murales de técnica mixta. Me gusta igualarme en dimensiones a la persona que observa lo que has hecho, es una forma de involucrarla y meterla dentro de la obra plástica”. “Con el paso del tiempo soy más consciente de lo poco que sé, de mi vasta ignorancia y de mis limitaciones…pero de forma paralela poseo una gran curiosidad y el gusto por seguir aprendiendo. No puedo evitar saltar de una cosa a otra, porque me gusta la pintura, la escultura, el video, la cerámica, la fotografía… lo único que siento es que tienes que canalizar tus energías y decidir sobre qué vas a centrarte, pues todo no lo puedes hacer”. “Me gusta experimentar integrando la escultura con la pintura o con la imagen en movimiento, reciclar objetos y utilizarlos estéticamente, intervenir fotografías, utilizar la luz o la música como otro objeto creativo…, la publicidad, el diseño, la creación de ambientes o instalaciones, el performance, etc.” ¿No crees, mi amigo que hay por ahí muchas almas solitarias a las que el corazón les pide alguna barbaridad, algo de que revienten? Ve, pues, a ver si logras juntarlas y formar un escuadrón con ellas y poneros todos en marcha –porque yo iré con ellos tras de ti-. En cuanto te pidan el itinerario de la marcha, en cuanto te hablen del programa, en cuanto te pregunten al oído, maliciosamente, que les digas hacia dónde cae el sepulcro. Sigue a la estrella. ¡Poneos en marcha! ¿Que a dónde vais? La estrella os lo dirá: ¡al sepulcro! ¿Qué vamos a hacer en el camino mientras marchamos? ¿Qué? ¡Luchar! Luchar, y ¿cómo? (“Vida de Don Quijote y Sancho”, Miguel de Unamuno) Poner al día, vaya expresión. Hacer. Hacer algo, hacer el bien, hacer pis, hacer tiempo, la acción en todas sus barajas. Pero detrás de toda acción había una protesta, porque todo hacer significaba salir de para llegar a, o mover algo para estuviera aquí y no allí, o entrar en esa casa en vez de no entrar o entrar en la de al lado, es decir que en todo acto había la admisión de una carencia, de algo no hecho todavía y que era posible hacer, la protesta tácita frente a la continua evidencia de la falta, de la merma, de la parvedad del presente. Creer que la acción podía colmar, o que la suma de las acciones podía realmente equivaler a una vida digna de este nombre, era una ilusión de moralista. Valía más renunciar, porque la renuncia a la acción era la protesta misma y no su máscara. Lo único cierto era el peso en la boca del estómago, la sospecha física de que algo no andaba bien, de que casi nunca había andado bien. No era ni siquiera un problema, sino haberse negado desde temprano a las mentiras colectivas o a la soledad rencorosa. Si algo había elegido desde joven era no defenderse mediante la rápida y ansiosa acumulación de una “cultura”. (“Rayuela”, Julio Cortázar) No hay sustancias más letales que esas que se cuelan por cualquier parte, que se respiran sin saberlo, en las palabras o en el amor o en la amistad. (“Rayuela”, Julio Cortázar) El hombre flota en Dios sin necesidad de tabla alguna, y lo único que yo deseo es quitarte la tabla, dejarte solo, infundirte aliento y que sientas que flotas. ¿Quieres más objetivo de ti que tú mismo? Hay que echar a los hombres en medio del Océano y quitarles toda tabla, y que aprendan a ser hombres, a flotar. ¿Tienes tan poca confianza en Dios, que estando en Él, en quien vivimos, nos movemos y somos (Hechos, XVII, 28), necesitas tabla a que agarrarte? El te sostendrá, sin tabla. Y si te hundes en Él, ¿qué importa? Estas congojas y tribulaciones y dudas que tanto temes son el principio del ahogo, son las aguas vivas y eternas, que te echan el aire de la tranquilidad aparencial en que estás muriendo hora tras hora; déjate ir al fondo y perder el sentido y quedar como una esponja, que luego volverás a la sobrehaz de las aguas, donde te veas y te toques y te sientas dentro del mismo Océano. “Sí, muerto”, me dijo. “No, resucitado y más vivo que nunca”, le dije. (“Vida de Don Quijote y Sancho”, Miguel de Unamuno) Yo aprovechaba para pensar en cosas inútiles, método que había empezado a practicar años atrás en un hospital y que cada vez me parecía más fecundo y necesario. (“Rayuela”, Julio Cortázar) Gregorovius pensó que en alguna parte Chestov había hablado de peceras con un tabique móvil que en un momento dado podía sacarse sin que el pez habituado al compartimiento se decidiera jamás a pasar al otro lado. Llegar hasta un punto del agua, girar, volverse, sin saber que ya no hay obstáculo, que bastaría seguir avanzando… (“Rayuela”, Julio Cortázar) Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven… Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impulso. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden que es su orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y el alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es desorden más que para mí, enterrado en prejuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo. Yo, condenado a ser absuelto irremediablemente por la Maga que me juzga sin saberlo. Ah, dejame entrar, dejame ver algún día como ven tus ojos. Estoy condenado sin apelación, pronto a ese cadalso azul al que me izan las manos de la mujer cuidando a su hijo, pronto la pena, pronto el orden mentido de estar solo y recobrar la suficiencia, la egociencia, la conciencia. Y con tanta ciencia una inútil ansia de tener lástima de algo, de que llueva aquí dentro, de que por fin empiece a llover, a oler a tierra, a cosas vivas, sí, por fin a cosas vivas. (“Rayuela”, Julio Cortázar) ¡Quereros bien!..., ¡quereros bien!... ¡Ay, cariño, cariño, y qué miedo te tengo! Así que oigo a un amigo lo de “yo te quiero bien”, o “haga caso de los que bien le queremos”, me echo a temblar. Los que me quieren bien… ¿y quiénes me quieren bien? Los que quieren que sea como ellos quieren para quererme. ¡Ay, cariño, cariño, terrible cariño, que nos lleva a buscar en el querido el que de él hicimos! ¿Quién me quiere como soy? (“Vida de Don Quijote y Sancho”, Miguel de Unamuno) La más miserable de todas las miserias, la más repugnante y apestosa argucia de la cobardía es esa de decir que nada se adelanta con denunciar a un ladrón porque otros seguirán robando, que nada se adelanta con decirle en su cara majadero al majadero, porque no por eso la majadería disminuirá en el mundo. Ésos son los que con su indulgencia de bohemios contribuyen a mantener la cobardía y la mentira y las miserias todas que nos anonadan. Cuando predican libertad no piensan más que en una: en la de disponer de la mujer del prójimo. Todo es en ellos sensualidad, y hasta de las ideas, de las grandes ideas, se enamoran sensualmente. Son incapaces de casarse con una grande y pura idea y criar familia de ella; no hacen sino amontonarse con las ideas. Las toman de queridas, menos aún, tal vez de compañeras de una noche. ¡Fuera con ellos! (“Vida de Don Quijote y Sancho”, Miguel de Unamuno) O Dios o el olvido. Si por guardar tu mecha apagas la luz: si por ahorrar tu vida malgastas tu idea, Dios no se acordará de ti. Y no hay otro infierno que éste: el que Dios nos olvide. (“Vida de Don Quijote y Sancho”, Miguel de Unamuno) Mira, lector, aunque no te conozco, te quiero tanto que si pudiese tenerte en mis manos, te abriría el pecho, y en el cogollo del corazón te rasgaría una llaga y te pondría allí vinagre y sal para que no pudieses descansar nunca y vivieras en perpetua zozobra y en anhelo inacabable. Si no he logrado desasosegarte en mi Quijote, es, créemelo bien, por mi torpeza y porque este muerto papel en que escribo ni grita, ni chilla, ni suspira, ni llora, porque no se hizo el lenguaje para que tú y yo nos entendiéramos. (“Vida de Don Quijote y Sancho”, Miguel de Unamuno) Ya para entonces me había dado cuenta de que buscar era mi signo, emblema de los que salen de noche sin propósito fijo, razón de los matadores de brújulas. (“Rayuela”, Julio Cortázar) “…En el entierro de Pappachi, Mammachi lloró tanto que se le corrieron las lentes de contacto. Ammu les explicó a los gemelos que Mammachi lloraba más por estar acostumbrada a él que porque lo amara. Estaba acostumbrada a verlo paseándose por la fábrica de conservas y a que le pegase de vez en cuando. Les dijo que los seres humanos eran animales de costumbres y que eran increíbles las cosas a las que podían llegar a acostumbrarse. Les bastaba con mirar a su alrededor; añadió Ammu, para darse cuenta de que las palizas con jarrones de latón eran lo que menos importancia tenía…” “…Chacko les decía a Rahel y a Estha que Ammu ni siquiera tenía derecho a reclamar ante los tribunales. -Gracias a nuestra maravillosa sociedad machista –decía Ammu. -Lo que es tuyo es mío, y lo que es mío, es sólo mío –contestaba Chacko…” “…- Ammu –dijo Chacko en tono tranquilo y deliberadamente despreocupado-, ¿no podrías hacer un pequeño esfuerzo para no verlo todo con tu cinismo de fracasada? El silencio llenó el coche como si empapara una esponja. Fracasada cortó el aire como un cuchillo. El sol brilló con un suspiro estremecido. Ése era el problema con los parientes. Al igual que los médicos aviesos, sabían dónde hacer más daño al tocar…” “…He oído todas las excusas que pueden inventarse las mujeres: No tengo talento. No soy importante. No tengo estudios. No tengo ideas. No sé hacerlo. No sé qué. No sé cuándo. Y la más ofensiva de todas: No tengo tiempo…” “…Una vez un viejo afroamericano del Medio Sur me contó un cuento. Salió de un callejón mientras yo permanecía sentada entre las pintadas de un aparcamiento del centro de una ciudad. Muchas personas lo hubieran calificado de loco, pues hablaba con todo el mundo sin dirigirse a nadie en particular. Avanzaba con un dedo extendido como si estuviera tanteando la dirección del viento. Las cuentistas dicen que estas personas han sido tocadas por los dioses. En nuestra tradición, a un hombre así lo llamarían el bulto, pues las almas como él llevan cierta mercancía y la muestran a quien quiera verla. A cualquiera que tenga ojos para verla y sentido común para recogerla...” “…El amante más estimado, el pariente y el amigo más preciado, el hombre salvaje más estimable es el que desea aprender. Aquellos que no disfrutan con el aprendizaje, los que no se sienten atraídos por las muevas ideas y experiencias, no pueden desarrollarse más allá del poste del camino junto al cual están descansando en ese momento…” “…Y lo peor es que no se sabe que no se sabe…” “…Todos tenemos miedo. Cuando se vive, se tiene miedo…” “…La única confianza que se requiere es la de saber que, cuando se produce un final, habrá otro comienzo…” “…Pero el amor en su plenitud es toda una serie de muertes y renacimientos. Abandonamos una fase, un aspecto del amor, y entramos en otra. La pasión muere y regresa, El dolor se aleja y aparece de nuevo. Amar significa abrazar y, al mismo tiempo, resistir muchos finales y muchísimos comienzos…todos en la misma relación…” “…Hay muchos artistas que aún no han conseguido afianzarse o que son muy expertos en el desarrollo de sus existencias creativas y que, sin embargo, cada vez que toman la pluma, el pincel, las cintas, el guión, oyen una voz que les dice: No eres más que un incordio, tu obra es marginal o totalmente inaceptable…porque tú mismo eres marginal e inaceptable. ¿Dónde está pues la solución? Sigue adelante por mucho que te cueste. Toma la pluma, acércala a la página y deja de gimotear. Escribe. Toma el pincel y, para variar, sé dura con tu propia persona y pinta…” “…Es peor permanecer en el lugar que no nos corresponde en absoluto que andar perdidas durante algún tiempo, buscando el parentesco psíquico y espiritual que necesitamos. Jamás es un error buscar lo que uno necesita. Jamás…” “…Los severos comentarios acerca de la aceptabilidad del cuerpo crean una nación de altas muchachas encorvadas, mujeres bajitas sobre zancos, mujeres voluminosas vestidas como de luto, mujeres muy delgadas empeñadas en hincharse como víboras y toda una serie de mujeres disfrazadas. Destruir la cohesión instintiva de una mujer con su cuerpo natural la priva de su confianza, la induce a preguntarse si es o no una buena persona y a basar el valor que ella misma se atribuye no en quién es sino en lo que parece…” “…La arteria central, el núcleo, el tronco cerebral de la vida creativa es el juego, no la corrección. El impulso de jugar es un instinto. Si no hay juego, no hay vida creativa. Si eres buena, no hay vida creativa. Si te sientas quietecita, no hay vida creativa. Si sólo hablas, piensas y actúas con discreción, habrá muy poco jugo creativo. Cualquier grupo, sociedad, institución u organización que anime a la mujer a denostar lo excéntrico; a recelar de lo nuevo e insólito; a evitar lo ardiente, lo vital, lo innovador; a despersonalizar lo personal, está pidiendo una cultura de mujeres muertas…” “…El que no sabe aullar no encontrará su manada…”